El presidente de la Autoridad Palestina
(AP), Mahmud Abbas, se está enfrentando a un aluvión de críticas por haber
asistido al funeral del presidente israelí Shimon Peres en Jerusalén. La furia
dirigida hacia Abbas no ha cogido por sorpresa a quienes conocen la incesante
campaña de incitación antiisraelí que tiene lugar desde hace muchos años en la
sociedad palestina.
Si asistir al funeral de un líder israelí
–en especial al de uno que dedicó las últimas dos décadas de su vida a la paz
entre Israel y los palestinos– provoca tantas condenas, es fácil imaginar
cuáles serían las consecuencias para un líder palestino que hiciese una
propuesta de paz a Israel.
El presidente Abbas está recibiendo una
dosis de su propia medicina. Esto es lo que pasa cuando desatas un maremoto de
odio contra Israel y sus líderes en los medios, las mezquitas y los discursos
públicos. Esto es lo que pasa cuando transmites a tu población que los líderes
israelíes son “criminales de guerra” que deben ser juzgados en el Tribunal
Penal Internacional. Esto es lo que pasa cuando haces creer a tu gente que los
judíos están profanando con sus “sucios pies” los lugares sagrados islámicos de
Jerusalem. Esto es lo que pasa cuando acusas a Israel de “limpieza étnica”, de
perpetrar “ejecuciones extrajudiciales” y de “envenenar” a Yaser Arafat.
En vista de todo este lavado de cerebro,
¿qué reacción cabe esperar cuando te relacionas, de la manera que sea, con un
líder israelí?
Es difícil creer que a Abbas y sus
compinches les sorprenda esta ola de reprobaciones. Lo que tal vez no se
esperaban era el grado de virulencia.
Abbas la está sufriendo desde todos los
sectores. Las denuncias provienen no sólo de sus enemigos políticos en Hamás,
la Yihad Islámica y el Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP),
también de organizaciones y figuras públicas que pertenecen a su facción
gobernante, Al Fatah.
Los palestinos dicen que Abbas, de 81 años,
cuyo mandato de cuatro años ya va por el undécimo, se enfrenta al desafío más
grave del mismo. Y no hay indicios de que las recriminaciones se vayan a
calmar. Al contrario: cada día se produce una nueva riada de reprobaciones, lo
que ha llevado a los funcionarios de la Autoridad Palestina en Ramala a lanzar
una firme advertencia a quienes se aprovechen de la situación para incitar
contra Abbas. Sin embargo, las amenazas no han impedido a los críticos seguir
con los ataques y exigir su dimisión.
Uno de los que ya han pagado el precio de
criticar la asistencia de Abbas al funeral de Peres es el teniente coronel
Osama Mansur, del alto mando de la comunicación militar de la AP. En Facebook,
Mansur condenó enérgicamente el gesto de Abbas:
Si tú, por tu cuenta, decides participar en
el funeral del asesino de nuestros hijos, entonces te has equivocado. Y si
tomas la decisión basándote en lo que te dicen tus asesores, entonces te han
confundido.
Horas después de que se publicara este
texto, Mansur fue suspendido de su empleo. Más tarde fue detenido por oficiales
del Servicio de Inteligencia de la AP, que hicieron una redada en su casa y
destruyeron mobiliario, según su familia. Un tribunal de la AP ha dictado que
Mansur permanezca en custodia durante quince días.
La suspensión y posterior detención del
oficial generó una nueva ola de indignación contra Abbas y sus fuerzas de
seguridad. Los palestinos recurrieron a los medios sociales para protestar por
la mano dura contra Mansur, al que aclamaron como a un héroe, mientras que a
Abbas lo tacharon de “perro” y “colaboracionista israelí”. Hubo quien propuso
que Mansur fuera nombrado ministro de la AP por sus valerosas palabras.
Las medidas contra este alto cargo no han
impedido a muchos fieles de Abbas declararse públicamente en contra de su
asistencia al funeral.
El Movimiento Juvenil de Fatah, conocido en
árabe como Al Shabiba, emitió un comunicado en el que exigía a Abbas que se
“disculpara” con los palestinos por haber cometido un “grave error”. La
asistencia de Abbas al funeral fue “humillante y degradante” para los
palestinos, y una forma de “traición”, según el comunicado. La organización
señaló que la decisión de Abbas iba contra las reglas de Fatah, cuyo objetivo
es la “liberación total de Palestina y la eliminación económica, política,
militar y cultural de la ocupación israelí”. Dirigiéndose a Abbas, Al Shabiba
decía:
Señor presidente del Estado de Palestina,
Mahmud Abbas: ha cometido usted un crimen contra nuestro pueblo al equiparar al
verdugo con la víctima. No permitiremos que la traición se convierta en un
punto de vista.
Varios altos mandos de Fatah han querido
distanciarse de la decisión de Abbas de asistir al funeral de Peres afirmando
que no se les había consultado de antemano. Uno de ellos, Tawfik Tirawi,
excomandante del Servicio General de Inteligencia de la AP en la Margen
Occidental, anunció que se había opuesto personalmente a la decisión de Abbas y
afirmó que éste no preguntó a la cúpula de Fatah su opinión antes de acudir al
funeral:
Si se me hubiese consultado personalmente, como
miembro del Comité Central de Fatah, habría dejado claro que me oponía por
principio (…), pues se trataba del funeral de un sionista que se revolcaba, de
pies a cabeza, en la sangre de nuestro pueblo y de otros árabes.
Tirawi prosiguió definiendo a Peres como
“el artífice del programa nuclear israelí, diseñado para desbaratar cualquier
plan para la recuperación de nuestra tierra”.
Las protestas generalizadas contra la
decisión de Abbas de participar en el funeral sufrió un giro violento el 3 de
octubre, cuando la Policía de la AP disolvió por la fuerza una manifestación
pacífica en Ramala. La manifestación, organizada por el FPLP, era otra señal de
los fuertes sentimientos que albergan muchos palestinos no sólo contra Abbas,
también contra Israel.
El abogado palestino Muhanad Karayeh, que
trabaja para una organización pro derechos humanos con sede en Ramala, dijo que
los organizadores le habían pedido que acudiera para documentar el
acontecimiento. El abogado declaró que había sido objeto de graves palizas por
parte de los agentes de seguridad de la AP durante la manifestación. “Me
golpearon repetidas veces en la cara y en diferentes partes del cuerpo”,
relataba. “Conocía personalmente a algunos de los agentes. Me rompieron el
traje, a pesar de que les dije que era abogado. Me humillaron y me insultaron,
a mí y a mi profesión”.
En un intento de contrarrestar la
proliferación de las protestas, los ayudantes de Abbas organizaron marchas
improvisadas en defensa del presidente de la AP. Los cabecillas de la AP
convocan a los esbirros de Fatah para tomar las calles siempre que se sienten
presionados. Multitud de miembros de Fatah, portando fotos de Abbas y banderas
amarillas de Fatah, marcharon por las calles de Ramala para hacer una
demostración de fuerza y lanzar un mensaje de advertencia. “Estamos con nuestro
líder y presidente histórico, Abbas”, declaró el activista Osama Qawasmeh.
“Fatah es una línea roja y se enfrenta a una conspiración”.
En las redes sociales, los ataques contra
Abbas fueron bastante implacables. Los activistas difundieron viñetas que
ridiculizaban a Abbas. En una de ellas se le retrataba como un rabino con el
uniforme del Ejército israelí y una kipá llorando junto a la tumba de Peres. En
otra viñeta aparecía colocando una corona en una bota junto a una foto del
israelí. En Twitter se lanzaron hashtags como “Expresar condolencias por la
muerte de Peres es traición” y “La normalización es traición”.
Hamás tampoco calló ante la “traición” de
Abbas. Mahmud Zahar, uno de los líderes del movimiento islamista en Gaza, opinó
que, según las enseñanzas islámicas, Abbas califica como judío. “Esperamos que
se una a Peres en el infierno”, dijo Zahar. “Abbas es un producto israelí. El
hombre que afirma representar a todo el pueblo palestino se ha puesto enfrente
de todos los árabes y palestinos”.
Un gran número de académicos, periodistas y
activistas políticos palestinos y árabes firmaron una petición en la que
demandaban a Abbas que se disculpara por asistir al funeral de Peres y
calificaban su gesto de “error histórico y político”. Al menos 150 palestinos y
árabes firmaron la petición, que hacía hincapié en que la decisión de Abbas
había supuesto una “conmoción” para los palestinos.
Entre tanto, las protestas se han extendido
a los campos de refugiados palestinos de la Margen Occidental, Gaza y los
países árabes vecinos. En el campo de Balata, cerca de Nablus, en la Margen,
miles de palestinos corearon lemas que pedían la salida de Abbas del poder. La
protesta se produjo durante el funeral de un palestino al que la Policía de la
AP había disparado una semana antes.
Esta insólita indignación por la
participación de Abbas en el funeral de un líder israelí es una prueba más del
grado de radicalización de los palestinos. La frustración con Abbas y sus políticas
no es nueva. Cada vez más palestinos han expresado su ira por sus indulgentes
políticas respecto a Israel. Algo que se les ha atragantado especialmente es la
coordinación entre las fuerzas de seguridad de la AP y las de Israel, pues la
perciben como “traicionera”. Muchos palestinos están además molestos con Abbas
por su negativa a compartir el poder y abrir paso a nuevos líderes.
La culpa de la radicalización del pueblo
palestino recae directamente sobre los hombros de Abbas y de los demás líderes
de la AP. Si promueves los boicots contra Israel, prepárate para ser atacado si
lo incumples relacionándote con cualquier israelí, esté vivo o muerto. Las
protestas tienden a amainar, pero incluso aunque estas condenas acaben
disolviéndose, habrán sido un mensaje para los futuros líderes palestinos. El
mensaje es: “Ninguna paz con Israel, ni en nuestro tiempo ni en cualquier
otro”.
Abbas “El Judío”, dicen los palestinos
13/Oct/2016
El Med.io, Por Khaled Abu Toameh